En el mundo del vino, pocas marcas logran construir una identidad que trascienda la botella. Toro de Piedra, perteneciente a Viña Requingua y fundada por Santiago Achurra Larraín, es una de ellas. Inspirada en la escultura “Toro de Piedra” del reconocido artista chileno Palolo Valdés, la marca nace bajo un concepto claro y contundente: una historia escrita en piedra, símbolo de permanencia, consistencia y carácter a lo largo del tiempo.

Con presencia en más de 25 países, Toro de Piedra se ha consolidado como una de las bodegas chilenas de mayor reconocimiento en Chile y Latinoamérica, combinando solidez comercial con una identidad profundamente ligada al origen y al oficio vitivinícola.

LAKU: el misterio como expresión máxima.

Dentro de este universo, LAKU se presenta como el vino ícono de la bodega, una etiqueta que no busca repetirse, sino interpretarse año a año. Desde 2007, cada septiembre, Toro de Piedra realiza una serie de catas a ciegas internas en las que participan dueños y colaboradores de distintas áreas de la viña. En estas sesiones se evalúan cerca de 7.000 barricas, de las cuales solo unas pocas son seleccionadas para dar origen a LAKU.


El resultado es un blend único, cuya composición no responde a una fórmula fija. Puede integrar distintas cepas tintas, provenientes de diferentes valles e incluso de diversas vendimias. Su particularidad radica en que esta información se mantiene en secreto: la cepa o mezcla solo se revela al momento de abrir la botella, escrita en el corcho, convirtiendo el descorche en una parte esencial de la experiencia.

Tiempo, precisión y carácter

Una vez definida la mezcla final, LAKU continúa su crianza en barricas de roble francés durante aproximadamente seis meses adicionales, completando cerca de 20 meses de crianza total. El vino es embotellado en marzo y lanzado al mercado cinco años después de su cosecha, reflejando una filosofía donde el tiempo no es una variable, sino un valor.

Con un potencial de guarda superior a los 10 años, LAKU presenta un color granate profundo y una nariz compleja donde se entrelazan notas de grosella, mora, ciruela, chocolate amargo, cedro y especias. En boca es fresco, con taninos elegantes y un final largo que prolonga la experiencia.

Más que un vino, LAKU es la expresión de una forma de entender la vitivinicultura: paciente, precisa y fiel a su origen. Una historia que, como la piedra, no se borra con el tiempo.

Reconocimiento Internacional

La bodega ha sido reconocida por la crítica internacional gracias a la calidad y consistencia de sus vinos. Entre ellos, Laku destaca por sus altas puntuaciones y reconocimientos otorgados por referentes como Tim Atkin.

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